LA ILUSIÓN MONETARIA.
Eduardo Fuentes. El Universal. 2-5-1995.
El Problema
La inflación es la pérdida
progresiva del poder adquisitivo de la moneda. En la práctica esto significa
que para poder adquirir un mismo producto necesitamos cada vez mayor cantidad
de dinero. La moneda al mantener su denominación, traslada los incrementos al
precio de los productos y estos parecieran costar cada vez más, si expresamos
su valor en esa moneda en devaluación. Esta distorsión no es más que una de las
muchas distorsiones que produce la inflación y forma parte de la llamada
“ilusión monetaria” que afecta la vida de los pueblos que caen bajo su dominio.
Lo que confrontamos es una enfermedad de la moneda y no
de los productos. Por eso actuar sobre los precios no elimina el problema. El
control de precios, “parece” una solución, pero lo único que se logra por esa
vía es posponer el problema para que luego regrese agravado. La inflación, al
igual que todos los problemas importantes de una comunidad, requiere soluciones
de raíz y no de apariencias.
Como hemos dicho, es una enfermedad de la moneda, pero
termina por atacar a los productos, porque a raíz de la inflación - sin
corrección - desaparece el crédito y disminuye el poder de compra del
consumidor, lo cual afecta la producción disminuyendo la oferta ante una
creciente demanda, e inevitablemente suben los precios. En esta forma se
refuerza el proceso inflacionario ya que las expectativas negativas -
desconfianza - se agrega el desequilibrio entre la oferta y la demanda.
En periodos inflacionarios, operar la economía en valores
nominales crea un mundo falso, en el cual, ni lo que gano, ni lo que pago por
los bienes y servicios corresponden a la verdad. Lo recaudado por impuestos no
es verdad y tampoco lo es el presupuesto de la nación - al terminar de
elaborarlo ya es deficitario -. Lo que sí es verdad es la deuda externa porque
esta denominada en moneda dura. Y como si fuera poco, tras la confusión
inflacionaria se esconde fácilmente la especulación.
Otra de las confusiones que produce la inflación es que
los balances de las personas, naturales
y jurídicas, expresados en términos nominales, no reflejan la verdad; y sus
utilidades son falsas, si no logran superar la tasa de inflación. Por eso, en
periodos inflacionarios, muchas empresas técnicamente quiebran y ni se enteran.
La inflación produce millonarios de ilusión, porque el
hombre común, cuyo ingreso crece en valores nominales, de pronto, se encuentra
ganando millones que no valen nada porque esos incrementos del ingreso son inferiores
a la tasa de inflación y la población sigue perdiendo poder de compra.
En Venezuela, la tragedia que estamos viviendo, con todas
sus ramificaciones delictivas a todos los niveles, está centrada en que el
ingreso promedio tiene quince años seguidos creciendo menos que la inflación
por tanto en ese periodo hemos acumulado una pérdida del poder de compra que a
diciembre de 1984 alcanzaba el 80 %. Es decir, que un bolívar de 1980 se ha
convertido en 19 céntimos de 1994. El promedio de los incrementos del ingreso
en ese periodo (80-94) fue de 16.14 % por año mientras que el promedio de la
tasa de inflación fue de 29.87%.
Lo que crea la crisis es que sean 15 años seguidos
perdiendo poder de compra. Todos los países tienen años positivos y negativos
que mutuamente se compensan y el resultado es un equilibrio tolerable. Sin
embargo, en Venezuela, los dirigentes de la sociedad han dejado que, año tras
año, la pérdida de poder adquisitivo se acumulara y el resultado es un problema
catastrófico de muy difícil solución.
Cabe destacar que cuando se trata de analizar el poder
adquisitivo de la moneda en un determinado periodo es necesario tener en
cuenta, por una parte los incrementos del ingreso, que lo incrementan y por la
otra la inflación que lo disminuye. En consecuencia, lo importante no es tanto
la inflación, ni el ritmo de crecimiento del ingreso individualmente
considerados, sino la relación entre ambos índices, o sea, el Ingreso Real. Es con el valor real del
ingreso y del poder de compra, que podemos ir al mercado a satisfacer nuestras
necesidades.
Hemos dicho que los balances denominados en valores
nominales, no reflejan la verdad, pero, en el caso de las instituciones
financieras es una mentira muy peligrosa porque arrastra consigo, en forma
directa e indirecta, a toda la población. La crisis bancaria que estamos
atravesando, en un alto grado, se debe a la distorsión legal que permite que
las instituciones financieras continúen operando en valores nominales a pesar
de la ilusión monetaria que produce la inflación.
El público depositante tiene derecho a conocer la
verdadera situación de los bancos para tomar sus decisiones financieras. Los
balances en valores nominales le presentan una mentira que goza de la bendición
del estado, cuyas autoridades monetarias aprueban esos balances y ordenan su
publicación a pesar de que no reflejan la verdad financiera. Los entes
financieros, aun hoy, están capitalizando y repartiendo utilidades no
producidas. En realidad, lo que se reparten es el capital de la institución,
mientras duran, luego se reparten los depósitos del público.
Supongamos una institución financiera que declare haber
producido un 40 % sobre capital en un determinado ejercicio, durante el cual,
la tasa de inflación fue del 70%. En términos reales es evidente que no gano
nada, por el contrario perdió un 30% de su capital, pero a los ojos del público
aparece como una institución exitosa. Supongamos además que capitalizó la mitad
del beneficio y la otra mitad la repartió entre sus accionistas. Lo que realmente
hizo fue incrementar su capital con la mitad de cero. Sin embargo, lo que
repartió a sus accionistas si fue dinero real. Devaluado pero real.
Este es un ejemplo de lo que produce la mentira legal de
operar en valores nominales en periodos inflacionarios. Si hubiésemos estado
operando en valores reales, muchos de los hechos dolosos que ocurrieron en los
bancos intervenidos se hubieran evitado. ¿Cuántos depositantes públicos y
privados se hicieron clientes de esas instituciones financieras atraídos por
las exorbitantes tasas de interés financieramente inexplicables y por su
aparente éxito? No hay que el estado tiene una gran responsabilidad en esta
crisis bancaria, porque permitió y todavía permite que la economía opere en
valores nominales a pesar del nivel inflacionario que afecta nuestra economía.
Es cierto que la operación en valores reales, por sí sola
no hubiera evitado el fraude ni el latrocinio, pero al menos el público hubiera
podido decidir con conocimiento de causa, se hubieran facilitado los mecanismos
de control y sin duda hubiera disminuido en forma importante la magnitud
financiera de la crisis que hoy todos estamos pagando.
La inflación crea un ambiente de mentira. Los valores se
confunden y la gente no sabe cuánto vale lo que tiene y tampoco sabe cómo
proyectar su futuro, lo cual es particularmente grave para los jóvenes. Lo que
la gente si sabe es que ha desaparecido el acceso al crédito sobre todo a
plazos medianos y largos por lo cual las industrias de todos los tipos y
tamaños han disminuido su producción e inevitablemente han subido los precios y
el desempleo.
La primera reacción de todos los gobiernos es aplicar
controles de precios, comenzando por el precio del dinero. Estas medidas atacan
los síntomas y no el origen de la enfermedad. Combaten al enemigo equivocado y
no constituyen soluciones de fondo. Estamos viviendo una ecuación trágica: a
mayor inflación, mayores controles, los cuales disminuyen la producción, que
produce mayor inflación y así continúa la frecuencia. Es un perverso círculo
vicioso con un gravísimo costo social.
El primer paso para resolver un problema es reconocerlo
como tal y combatirlo de acuerdo a su verdadera naturaleza. Esto no pareciera
estar ocurriendo en Venezuela donde la confusión es tan grande, donde incluso
se pretende atacar el problema con un pacto antiinflacionario que no pasa de
ser más que un buen deseo. Estas medidas pertenecen al mundo del parecer y no
al mundo del ser.
Mientras tanto la realidad se impone: la economía, en su
totalidad, está sumergida bajo el índice de inflación, ya que todas las tasas
son negativas. ¿Cómo puede crecer una economía con tasas negativas? Y si no hay
crecimiento, ¿cómo puede bajar la inflación?
Actualmente las instituciones financieras del país son
como vehículos acelerando hacia un puente destruido. Si no cambian las actuales
premisas monetarias predominantes, todas las entidades financieras,
técnicamente desaparecerán por agotamiento de sus capitales y porque sus
activos terminar siendo inferiores a sus pasivos.
El problema es muy complejo y su decisión necesariamente
requiere medidas duras y ninguna de ellas podrá tener efectos mágicos ni
inmediatos. Por otra parte, el tiempo se nos está acabando y mucho lo hemos
gastado en repetir los errores del pasado y buscar culpables, cuando en
realidad todos en algún grado lo somos.
Sabemos que la operación en términos nominales produce
una gran confusión y en su seno se esconde el fraude; sin embargo, dejamos que
la distorsión continúe y la crisis aumente. Estos conceptos no son nuevos, al
contrario, se han repetido muchas veces a lo largo de la historia y sin
embargo, nosotros a conciencia, obviamos el fondo del problema y seguimos
aplicando solucione de apariencia.
En medio de esta confusión mucha gente se desespera y
sueña con un salvador, no importa que sea a costa del sistema democrático.
Debemos convencernos que ese superhombre armado con fórmulas mágicas no existe.
En cambio, lo que sí existe es la experiencia de otros países que ya pasaron
por crisis similares y lograron salir adelante sin petróleo y sin magia. No hay
duda que será necesario pasar por un duro periodo de recuperación, que cuanto
antes comience antes terminara.
El
regreso a la verdad
No existe una solución. Se
trata más bien de un conjunto de soluciones que deberán ser implementadas en
forma armónica y con gran firmeza. No obstante, ese conjunto tiene que cumplir
con una condición necesaria y se trata del regreso a la verdad que solo puede
surgir en una economía operando en términos reales. La verdad es la única que
permite diagnósticos acertados y soluciones verdaderas.
Cuando analicemos las experiencias de otros países
veremos que tanto el IPC como el dólar americano están siendo usados con éxito
como referencia para usar el valor del dinero local. Sin embargo, después de
haber tenido la oportunidad de trabajar bajo ambos esquemas prefiero una
economía atada a un parámetro local como el IPC, y no a uno externo como el
dólar, cuyo valor suele tener un alto contenido de criterios e intereses
políticos.
Muchas personas no perciben la relación que existe entre
el nivel de inflación y la operación en valores reales, y en consecuencia,
objetan que aplicar una corrección monetaria no es combatir la inflación, sino
aprender a vivir con ella. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que la
corrección monetaria restablece el acceso al crédito a plazos medianos y largos
lo cual hace posible la reactivación del aparato productivo.
Además la creación
de activos corregidos contra la inflación hace posible emisión de pasivos
certificados y valores también corregidos contra el mismo parámetro, en
periodos de inflación la única manera de incrementar el ahorro nacional es
mediante una corrección monetaria que garantice la conservación del valor real
de las inversiones y permita la planificación económica a largo plazo. En
Latinoamérica, contamos con una variada gama de modelos de corrección monetaria
y por tanto podemos analizarlos y decidir lo que consideremos más adecuado a la
realidad venezolana sin necesidad de inventar lo que ya existe. A continuación
se describen algunas de las características de algunos modelos de corrección:
Colombia.
Hace
casi 25 años creo la unidad promedio de actualización constante (UPAC), para
ser utilizada por las corporaciones de ahorro y prestamos tanto en sus
operaciones activas como pasivas, la UPAC es una unidad de cuenta cuyo valor varía
en función de las variaciones del índice de precios al consumidor, ósea de la
inflación.
La UPAC restableció el crédito
inmobiliario y permitió la captación de gran cantidad de recursos a largo y
mediano plazo, mediante cuentas de ahorro y títulos corregidos contra la
inflación. Al comienzo los demás sectores de la economía protestaron la
exclusividad que al parecer tenía el sector vivienda, pero terminaron
adaptándose atados al valor del UPAC, la legislación se los permite. Se podría
decir que el país se upaquizo. Cabe destacar que Colombia tiene varias décadas
con niveles de inflación que oscilan el 23 %.
Chile.
En
1968 fue creada la unidad de fomento (UF) pero realmente comenzó a operar en
1974, es decir, una vez lograda un nivel de estabilidad política que hiciera
posible el desarrollo de la economía. La (UF) es una unidad de cambio cuyo
valor oscila en función de las variaciones del índice de precios al consumidor.
Desde el principio fue implementada para todos los sectores de la economía,
pero fue el sector inmobiliario el que en mayor grado aprovecho el mecanismo.
Los créditos habitacionales sobre todo para viviendas económicas son otorgados
por letras hipotecarias denominadas en uf,
es decir, corregidas contra la inflación. El vendedor las acepta porque sabe
que mantienen su valor real y porque existe un mercado de capitales líquido y
ágil que le permite negociarlas y continuar operando. A su vez, ese mercado
posee liquidez porque las administradoras de los fondos de previsión adquieren
esos títulos en uf. Las AFP son
actualmente las poseedoras del 50% de las letras hipotecarias que sustentan la
industria de la construcción de viviendas.
Es importante observar que el proceso de reconstrucción
de la economía del país primero se activó la uf,
que estabilizo el mercado y posteriormente se tomaron medidas con el objeto de
organizar e incrementar las disponibilidades monetarias del mercado de
capitales mediante la privatización de los fondos de previsión. Desde 1980 al
presente, Chile ha obtenido un promedio de inflación de un orden del 20 %.
Ecuador.
En
mayo de 1993 el gobierno de ecuador creo la unidad de valor constante (UVC) que
vino a culminar el proceso de regreso a la verdad que comenzó con la aprobación
de la ley de corrección monetaria, de orientación esencialmente tributaria y de
la nueva ley de bancos e instituciones financieras, que toma en cuenta el
concepto de mantenimiento de valor en relación a la inflación. A pesar de que
el mecanismo de corrección de la inflación tiene poco tiempo en operación ya se
han sentido sus efectos. La UVC restableció el flujo de créditos habitacionales
interrumpido por la inflación que alcanzo un 64 % en 1992. 31% en 1993 y 24 %
en 1994. Las instituciones financiera
ofrecen al público certificados y títulos valores denominados en UVC lo cual ha
incrementado el ahorro nacional y está desarrollando la industria de
construcción de viviendas.
La UVC puso a la banca
ecuatoriana a competir con la tasa positiva. Por ejemplo, los préstamos se
otorgaron a 8% y los ahorros certificados son remunerados a UVC más 4%.
Bolivia.
En
1985 el gobierno de Bolivia dolarizo la economía al declarar de libre
circulación el dólar americano. A partir de esa decisión la población puede
realizar operaciones activas y pasivas en dólares, en bolivianos corregidos
contra el dólar o bolivianos sin corrección. Como es de suponer las dos
primeras alternativas han predominado y la última tiende a desaparecer. A
efectos monetarios lo que hizo el gobierno de Bolivia equivale a crear una
unidad de valor constante atada a las oscilaciones del valor del dólar
expresadas en bolivianos. Los efectos de esta medida como parte de un plan de
recuperación que incluyo una efectiva disminución del gasto público se
comenzaron a sentir de inmediato. La inflación paso de 11. 750% en 1985 a 276%
en 1986 y luego al 10% en 1987 para estabilizarse en un promedio de alrededor
del 13% desde esa fecha hasta el presente.
La explicación de este fenómeno extraordinario esta no
solo en el crecimiento del producto, que en definitiva es la verdadera
respuesta al problema inflacionario sino además en que el gobierno creo
expectativas positivas al luchar de frente contra el gasto público, por
ejemplo, eliminando empresas del estado que daban perdidas; además la dolarización
creo el mantenimiento de valor de los bienes y de las inversiones.
Estas medidas fundamentales restablecieron la confianza
en las instituciones locales, detuvieron la fuga de capitales hacia otros
mercados, hicieron posible la repatriación de muchos de los que estaban fuera y
atrajeron nuevas inversiones extranjeras. En Bolivia la tasa de ahorros en
dólares y en bolivianos corregidos contra el dólar suele estar en el doble de
la pasiva norteamericana, con el objeto de mantener los capitales en el país. La
tasa activa suele estar en el orden de 10 puntos por encima de la pasiva.
Brasil.
En el mes de abril de 1994 el gobierno
brasileño creo la unidad de valor real (UVR), es una unidad de valor constante
que fluctúa en función de las variaciones del dólar en el mercado. La UVR
preparo a la población para la creación de una nueva moneda, el Real cuyo valor
fluctúa en función de las variaciones del dólar. La nueva moneda entro en
vigencia en julio de 1994. La experiencia brasileña es muy reciente para sacar
conclusiones validas, sin embargo, cabe mencionar que de acuerdo a las noticias
de prensa, la disminución del índice de inflación de julio a septiembre de 1994
fue tan notable que le valió el triunfo electoral al actual presidente del
Brasil. El presidente Cardozo fue ministro de finanzas que implemento la UVR y
luego creo la moneda.
ES obvio que la inflación
brasileña tenía un alto porcentaje de expectativas negativas y la adopción de
un mecanismo de valor real y el regreso a la verdad sentó las bases para una
recuperación perdurable. La UVR brasileña viene a ser similar al caso boliviano
que es de atar la economía a las fluctuaciones del IPC lo hicieron al valor del
dólar que actúa como parámetro de corrección.
México. Es de todos conocidos que ese
país en febrero de 1995, entro en una gran crisis financiera caracterizada,
entre otras cosas, por fuertes incrementos de la inflación, interrupción del proceso
crediticio, disminución de la tendencia al ahorro, significativa devaluación de
la moneda, corridas de fondos en algunas instituciones financieras, fuga de
capitales y un marcado incremento de la tasa de desempleo.
El gobierno mexicano, de inmediato, inicio un proceso de
recuperación de la economía y el plan gira alrededor de dos aspectos
fundamentales: la disminución del gasto público y la creación de una unidad de
valor constante que han denominado Unidad
de Inversión (UDI), similar a la unidad de fomento de Chile.
La UDI, al igual que la UF, es una unidad de cambio cuyo
valor oscila en función de las variaciones del Índice de Precios al Consumidor.
La UDI podrá ser utilizada, - para sus operaciones activas y pasivas - por las
instituciones financieras que cumplan con el criterio de solvencia
internacionalmente aceptados, que establece una relación del 8% para el capital
sobre los activos de riesgo, debidamente ponderados por la Superintendencia de
Bancos.
Argentina. El caso argentino es un poco
diferente ya que la caja de conversión no constituye, propiamente hablando, un
método de corrección monetaria, sino más bien un mecanismo para establecer un control sobre la emisión
de dinero por parte del estado, relacionando sus magnitudes con la balanza de
pagos y las reservas internacionales. En consecuencia, la caja de conversión
permite determinar el valor del dólar en función de los verdaderos
requerimientos de la economía.
No hay duda de que es un mecanismo antiinflacionario y
que contribuye al regreso a la verdad financiera, porque puede eliminar las
emisiones inorgánicas y tiende a la estabilización del cambio en un valor, en
moneda nacional, directamente relacionado con la realidad económica y no con
criterios políticos. El complemento ideal de la caja de conversión es una
unidad de valor constante atada a las fluctuaciones del valor del dólar, al
estilo a la unidad de valor real de Brasil. Es muy probable que los resultados
del plan brasileño señalen el camino a seguir en el cono sur y en particular en
la Argentina.
Conclusiones.
Hemos descrito muy brevemente
los experimentos monetarios realizados en siete países latinoamericanos que
pasaron por fuertes periodos inflacionarios. En todos ellos se implantaron
controles de precios y de cambios, sin resultados positivos. En todos los casos
la experiencia inflacionaria les condujo a una franca lucha contra el gasto público
y en seis de ellos, a la creación de unidades de valor constante, referidas al
IPC o al valor del dólar.
En los países donde el fenómeno ocurrió hace ya algún
tiempo hoy día se pueden ver los resultados claramente positivos provenientes
del regreso a la verdad que emana de una economía denominada en términos
reales. En los otros donde la operación en valores reales es todavía reciente,
ya se pueden observar los primeros resultados positivos.
Al comienzo muchos banqueros presentan resistencia ante
la obligación de decir la verdad financiera, después, al ver que regresa la
capacidad de captar recursos a plazos medianos y largos, y se restablece el
flujo crediticio que le es propio, se
convierten en los primeros partidarios del mecanismo.
También se observa resistencia por parte de los
gobiernos, porque la UVC a ello también les obliga a trabajar en base a la
verdad financiera, sin embargo, el pueblo, cuando conoce lo que significa esa
verdad, la exigen y los políticos terminan por aceptar el mecanismo de
corrección y sus consecuencias. En general, los gobiernos reaccionan
favorablemente ante la UVC al adquirir consciencia de que facilita las
actividades de supervisión del sistema
financiero.
Para terminar es necesario enfatizar que la implementación
de una unidad de valor constante, atada al IPC o al dólar, no sería más que el
indispensable comienzo de un proceso de cambio de conducta financiera en el
país. A partir de la UVC será posible contar otra vez con el ahorro interno a
largo plazo para el desarrollo del país;
y con la UVC las industrias - incluyendo la de la construcción de
vivienda - tendrán una vez más acceso a créditos con plazos apropiados, hoy día
desaparecido debido al fenómeno inflacionario.


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