LAS SEIS CLAVES DE LA CONCENTRACIÓN PRODUCTIVA
Edwin Kiester y Sally Valente Kiester. Selecciones Noviembre
1995
Cuando oyó que alguien llamaba
a la puerta de su oficina, Alma Triner alzó la vista y se percató,
sobresaltada, de que ya era de noche y ni siquiera había almorzado. Su jefe
abrió la puerta, se asomó y le pregunto: ¿Quiere que la lleve a la cena en mi
auto? Por unos instantes la mujer se desconcertó, pero luego recordó de qué se
trataba. Era vicepresidenta de una compañía consultora internacional, de
Cambridge, Massachussets, y estaba invitada a una cena en honor de los altos
ejecutivos de la empresa. Desde temprana hora había estado preparando una
presentación para un cliente, y como las ideas y las palabras fluían con tanta
facilidad, se había olvidado por completo de todo, incluso de su compromiso.
Estaba yo trabajando tan bien, recordó posteriormente. "Cada frase y cada
concepto me parecían los más atinados. Casi no me daba cuenta de lo que estaba haciendo.
Alma Triner había entrado en su "zona", término que usan algunos
deportistas para referirse al grado de extrema concentración en que se vuelven
inmunes a las distracciones.
Absorta en su tarea Alma había
hecho caso omiso del repiqueteo de los teléfonos y hasta del paso del tiempo. Y
no solamente había producido un trabajo de gran calidad, sino que lo había
hecho en menos tiempo del que le habrían dedicado muchos profesionales
igualmente competentes.
La
capacidad de enfocar por completo la atención en una tarea puede llevar al
éxito en cualquier campo de actividad; en cambio, la falta de concentración
lleva al fracaso a quien parece tener el triunfo asegurado. En las
competiciones selectivas de Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de 1992,
el astro del decatlón Dan O'Brien empezó con un ritmo tan arrasador en las
pruebas, que parecía tener asegurado un sitio en el equipo. Pero luego se
desconcentró y falló en el salto con pértiga; no pudo librar una altura que
antes había rebasado cientos de veces. Incapaz de "fijar la atención",
según confesó más tarde, hizo dos intentos más, pero fue en vano: pese a sus
grandes aptitudes, una distracción dio al traste con sus ilusiones de viajar a
Barcelona.
A O'Brien
le pasó lo que a muchos. Es muy probable que usted haya experimentado esos
frustrantes periodos en que el cerebro se niega a funcionar. Quizá se haya
sentado frente a la computadora y haya luchado en vano por encontrar las
palabras más adecuadas, o por analizar las cifras del presupuesto. Empero,
también ha experimentado estados de gran concentración, en los que ha realizado
un trabajo excelente en muy poco tiempo. Cómo podemos entrar en nuestro estado
más productivo; nuestra propia zona.
Practique mucho.
Puede decirse que la concentración propicia el desarrollo de la región del cerebro
que interviene en una actividad dada, así como el ejercicio físico agranda y
fortalece los músculos. Michael Posner profesor de psicología en la universidad
de Oregon, recurrió a tomografías por emisión de positrones y a electroencefalogramas
para rastrear la actividad cerebral de personas concentradas en ciertas tareas.
Observó
que la afluencia de sangre al cerebro y la actividad eléctrica de este
aumentaban cuando los participantes realizaban la tarea por primera vez, pero
que, a medida que adquirían destreza, dichas funciones disminuían. Posner considera
que cuanto más practicamos la concentración, menos actividad necesita realizar
el cerebro. Y la habilidad mental que se perfecciona en un campo puede transferirse
a otros.
La clave,
afirma Louis Csoka, que enseñaba técnicas de concentración a futuros comandantes
en la academia militar de West Point, es aprender a filtrar el ruido y las
interferencias sean estas internas o externas. Por ejemplo, si es usted amante
del jazz, practique poniendo música y escuchando solamente los sonidos que
emite el saxofón; bloque todos los demás instrumento o voces. Si es aficionado
al fútbol siga atentamente los movimientos que haga el defensa central derecho.
Vuélvase sistemático.
Los días en que opera, Al Steunenberg, cirujano
bucal radicado en California, se levanta siempre a la misma hora,
conduce a su trabajo por la misma vía y estaciona su vehículo en el mismo
sitio. Una vez en el quirófano, se pone primero la camisa y luego el pantalón;
se lava la mano derecha y después la izquierda, y se coloca siempre en el mismo
lugar junto al paciente.
No lo hace
por superstición. Al proceder así, el cirujano se concentra sistemáticamente en
la tarea que tiene por delante. Cuando se dispone a operar, ya está
completamente dentro de su "zona"- Es lo mismo que hace una atleta
antes de competir o un sacerdote antes de oficiar, explica Mihaly Csikszentmihalyi,
profesor de desarrollo humano en la universidad de Chicago y autor de Flow: The
Psychology of Optimal Experience ("Fluidez: la psicología de la
experiencia optima ) Y agrega: "La conducta regida por el hábito los ayuda
a concentrarse en la tarea que tienen por la actividad ritual afina la mente .
Se puede
crear un ritual para casi cualquier tarea. Si usted detesta confrontar su
estado de cuenta bancario con su chequera, establezca una secuencia: despeje su
escritorio, coloque los lápices a su izquierda y la calculadora a su derecha;
abra el sobre que contiene su estado de cuenta. Este pequeño ritual hará menos
desagradable la tarea.
Invéntese retos.
Hace un siglo, el psicólogo William James declaró que los seres humanos
utilizamos apenas una mínima parte de nuestro potencial. Muchas de las
actividades que realizamos son monótonas o tediosas, por lo que nuestro cerebro
opera casi en vacío. En consecuencia, cometemos errores por descuido o nos
empantanamos en tareas fatigosas porque no podemos enfocar nuestra atención.
Según
Csikszentmihalyi, el estado de fluidez perfecto se produce cuando nuestras
capacidades están a la altura de nuestros retos. Así, el profesor asegura que
la mejor manera de llevar a cabo una tarea aburrida pero sencilla consiste en
volverla más difícil. Convierta usted las actividades tediosas en juegos que
ofrezcan un reto, que lo obliguen a utilizar todo su potencial. Invente sus
reglas, fíjese metas, haga las cosas contra reloj; ese grado más alto de
dificultad, lo irá metiendo paulatinamente en su zona.
En una
ocasión tuve que redactar una introducción a una serie de artículos sobre
derecho procesal. El tema no me era particularmente grato, así que las palabras
acudían a mi mente con suma lentitud. Hice varios viajes a la cafetera. En eso,
el director de arte de la revista me llamó por teléfono para decirme que había
diseñado una llamativa letra capitular para el prólogo: un mazo de juez en
forma de jota y me pidió que la primera palabra del texto comenzara con esa
letra.
Le
respondí que sí, y no sólo acepté el desafío, sino que me propuse comenzar todos
los párrafos con una jota. Con palabras tales como justicia',
"jurisprudencia' y "John Marshall", logré escribir nueve
párrafos. Al captar mi atención, el reto agilizó la tarea.
Hable consigo mismo. Cuando
instale un sistema de riego por goteo en su jardín de rosas, dígase: "La
conexión a la espita de la manguera va aquí, y a unos dos metros, el primer
eyector..." Pensar en voz alta nos permite concentrarnos en la tarea y
reforzar los pasos que vamos dando, además de que nos ayuda a recordar lo que aún
falta por hacer.
Hablar con
uno mismo también puede hacer las veces de "ruido blanco"·aparta la
mente de otros estímulos distractores. Incomodado por los espectadores, el
viento y la nieve, un joven esquiador estaba mostrando un desempeño pobre en
una competición, así que su entrenador le aconsejó que mirara al frente y se
concentrara en la siguiente puerta de la pista una vez que librara la anterior
sin dejar de repetirse la frase "Mira al frente", el esquiador se concentró
y gano una medalla.
Los beneficios
de hablar consigo mismo se han comprobado incluso en algo tan exótico
como caminar descalzo sobre carbones encendidos. Ron Pekala, del Instituto
Educativo del Atlántico Medio, en West Chester, Pennsylvania, estudió a 27
personas que habían caminado sobre un lecho de brasas cuya temperatura
alcanzaba los 650 °C. Los que se distrajeron acabaron con los pies ampollados;
en cambio, los que pusieron toda su atención en repetir una frase como
"musgo fresco" pasaron la prueba sin quemadura. Solo recuerdo que iba
pisando algo que me dio la impresión de ser hojuelas de papa calientes",
declaró uno de los participantes.
Estos
últimos, "al concentrarse en las palabras, dirigieron su atención en una
sola cosa", explica Pekala; la atención de los demás estaba dividida, y
pagaron el precio de ello.
Olvídese de mañana.
Se muere usted de ganas de ver la sonrisa de su jefe cuando le entregue ese
impecable informe a tiempo. O tal vez no lo
deje dormir la preocupación de que no le guste.
"La inquietud por los resultados nos resta
eficiencia', asegura La psicólogo Ellen Langer, de la Universidad Harvard. Cuando
dejamos que nuestros pensamientos se desplacen al futuro, nos salimos de
nuestra zona y perdemos la concentración. Leon Lett, atajador defensivo de los
Vaqueros de Dallas, tuvo que aprender esto de la manera más dolorosa. El
jugador no había conseguido hacer una anotación de diez puntos desde que tenía
diez años, pero en el Supertazón de 1993 se le presentó la oportunidad cuando
el mariscal de campo de los Bills de Búfalo soltó el balón a sus pies. Lett lo
recogió y corrió a la línea de meta, a 64 yardas de distancia; nadie se interponía
entre él y una anotación segura. Cuando cruzó la línea de las 10 yardas,
extendió jubilosamente los brazos, con el balón en una mano. No se percató de
que Don Beebe receptor abierto de los Bills, le iba pisando los talones. En la
yarda 1, Beebe se abalanzó sobre Lett y de un manotazo lo despojó del balón, acabando
así con la actitud triunfalista de este último. Concentrarse en lo que va a
ocurrir, y no en lo que está ocurriendo puede dar al traste con cualquier
actividad. "Un buen tenista piensa lanzar el mejor tiro, no en ganar el
partido", asegura el psicólogo Jon Anderson, presidente del Centro de
Psicología del Deporte, de los Estados Unidos. "Con un buen tiro seguido
de otro buen tiro ganará el encuentro. Para no salirse de su zona mantenga la
atención puesta en el aquí y el ahora.
Dese un respiro. Un
breve descanso ayuda a rendir más en menos tiempo. Cuando el estrés ponga en
peligro su concentración, respire profundamente y visualícese en un sitio
apacible. O inclínese hacia adelante y deje colgar los brazos. La música
también ayuda; compre cintas de relajación o grabe aquellos sonidos que le den
serenidad.
Ya sin
tensión, reanude su trabajo, pero cuando lo termine, no emprenda de inmediato
una tarea nueva. "Dese un
respiro", aconseja Csikszentmihalyi, "y renuévese".
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