EN LAS DECISIONES MAS IMPORTANTES...NO ES SOLO EL QUE SINO EL CUANDO.
Edwin Kiester y Sally Valente Kiester.
APPLE
COMPUTER, la empresa fabricante de computadoras, lanzó al mercado en 1984 la
novedosa Macintosh, muy fácil de usar. La "Mac" tuvo en seguida una
gran aceptación, y parecía que iba a dominar el campo. Pero los ejecutivos de
Apple se mostraban renuentes a conceder a otros fabricantes la licencia para el
uso del sistema operativo de la Mac, y a renunciar así al control de su
producto.
Mientras
tanto, la compañía Microsoft creo el sistema "Windows" para las
computadoras IBM y las compatibles con ellas. Luego, vendió la licencia para el
uso de su sistema operativo a todo aquel dispuesto a pagar el precio, y sus
ventas subieron como la espuma.
Por
fin, en septiembre de 1994 Apple ofreció la licencia de la tecnología Mac. Para
entonces; la mayoría de los fabricantes de computadoras habían adquirido
Windows, así que hubo pocos compradores. Apple tomó la decisión correcta. Dice el
analista financiero Douglas Kass. "Lo malo fue que espero demasiado para
tomarla.
Nuestras
vidas son la suma de las decisiones que tomamos, ya sea en el mundo del trabajo
o en la vida privada. Y en todas las tomas de decisión llega un momento crucial
en el que debemos optar por un camino o por otro. Decidir demasiado pronto
puede acarrear consecuencias desastrosas; demorar la decisión más allá de lo
prudente puede entrañar la pérdida de oportunidades. Con frecuencia el cuándo
es tan importante como el qué. La historia y la vida cotidiana están llenas de
lecciones que pueden ayudarnos a reconocer ese momento crítico.
En
julio de 1862, en medio de la guerra de secesión, el Presidente Abraham
Lincoln, convoco a los miembros de su gabinete a una reunión en la Casa Blanca
para comunicarles una decisión que había tomado. Una vez reunidos todos, les
leyó el Decreto de Emancipación, concebido para liberar a los esclavos en los
estados sureños, que estaban en guerra con la Unión. Cuando terminó de leer,
los miembros del gabinete guardaron silencio. Se trataba de una idea demasiado
radical para la época, y que podría provocar controversia aun en el norte.
En ese
momento, el secretario de Estado de Estados Unidos, William Seward, tomó la
palabra. Hacía poco que los confederados habían infligido una derrota
aplastante al ejército de la Unión, les dijo, y el decreto de Lincoln podría
interpretarse como una acción desesperada. ¿Por
qué no esperar a que las circunstancias fueran más favorables? Lincoln aceptó
el consejo de Seward y aplazó el decreto hasta septiembre después de que se
llevó a cabo la batalla de Antietam, que frenó el avance de los confederados.
La decisión fue bien acogida entonces por los partidarios de la Unión.
Moraleja: para quienes tienen la responsabilidad de
tomar decisiones: cuanto más oposición se prevea, tanto más importante será
elegir el momento adecuado.
Con
demasiada frecuencia, quienes deben tomar decisiones se pasan el tiempo
reuniendo datos, analizándolos y volviéndolos a analizar, con la esperanza de
que surja un último detalle convincente que les indique el camino.
Kathleen
Einsehardt, profesora adjunta de estrategia y organización de la Universidad de
Stanford, estudio los procesos lento y rápido de toma de decisiones en 12
compañías de la industria de la computación. Quienes siguieron un proceso
rápido tardaron de dos a cuatro meses en tomar una decisión importante, como el
lanzamiento de un producto nuevo.
En ese
tiempo reunieron más datos, consideraron más alternativas y discutieron con más
energía los pros y los contras que quienes siguieron un proceso lento. Sin
embargo, no trataron de reunir hasta la última pizca de información ni se
esforzaron en obtener el consenso.
En
comparación los del proceso lento tardaron hasta 18 meses en tomar decisiones
similares. Su meta era el dominio toral de la información y el consenso
absoluto. Cuando finalmente llegaban a un acuerdo, la decisión a menudo
resultaba irrelevante o extemporánea. Quienes decidieron rápido conocían bien
el peligro de estar tan inmersos en datos que no se alcanza a ver el panorama general que permita tomar la
decisión.
Moraleja: el exceso de análisis produce parálisis.
Pero
tampoco hay que irse al otro extremo. Cuando Jan Still Lindeman tenía 27 años,
tuvo que operarse de urgencia causa de un quiste ovárico. Durante la
intervención, los médicos observaron lo que creyeron que era un estado
precanceroso. El ginecólogo opino que Jan debía someterse de inmediato a una
histerectomía, y le sugirió que programara la intervención.
Jan, que
no tenía hijos y estaba a punto de casarse, protesto; no quería tomar una
decisión apresurada que más adelante podrían lamentar ella y su futuro esposo.
Consultó con otro ginecólogo, que le diagnostico endometriosis y le prescribió
anticonceptivos orales. Hoy, 14 años después, su mal está controlado.
Moraleja: no permita que lo presionen para tomar
una decisión sin estudiar otras alternativas.
Cuando Adolfo Hitler invadió Renania,
en abierto desafío del Tratado de Versalles, los líderes de las democracias
occidentales se cruzaron de brazos. Prefirieron contemporizar, mientras el
líder alemán se iba apoderando de cada vez más territorio europeo. El presidente
norteamericano Harry Truman actuó de manera distinta. En junio de 1950 se
encontraba sentado en el porche de su casa en Missouri, cuando recibió una
llamada telefónica de Washington, el secretario de Estado, Dean Acheson, hablaba
para notificarle que los norcoreanos habían invadido Corea del Sur. Truman
regresó a Washington de inmediato.
El
Presidente sabía que la invasión de Corea del Norte entrañaba un grave peligro
para el mundo libre. Podía tratarse de una maniobra provocada por la Unión Soviética
para distraer a Estados Unidos en Asia, mientras los soviéticos dirigían un
ataque a Europa. O, si la invasión era genuina, los soviéticos podrían acudir
en auxilio de sus aliados comunistas, desencadenando así la Tercera Guerra
Mundial. En cualquier caso, Truman se dio cuenta que si esperaba demasiado, con
toda seguridad perdería a Corea del Sur. Después de reunirse con sus asesores,
anunció que Estados Unidos apoyaría a los surcoreanos, sin importar las
consecuencias. La guerra duró tres años, pero se logró detener la expansión de
Corea del Norte.
Moraleja: si con la espera se va a eliminar una
opción importante, decida ahora.
A
veces, incluso después de una preparación cuidadosa, no acabamos de decidirnos:
Una posible razón es que la mente consciente está tomando una decisión que la
mente inconsciente rechaza.
Adrienne
Miller, coautora de The Hamlet Syndrome ("El síndrome de Hamlet") e
instructora de un curso sobre toma de decisiones, deseaba comprar un auto
nuevo. Consultó las tablas de evaluación que publican las organizaciones de
orientación al consumidor, comparó precios y habló con amigos. A juzgar por la
información que obtuvo, dos modelos le parecieron casi igualmente idóneos para
ella; uno le llevaba una ligera ventaja al otro. Eligió el segundo. "Mi
intuición me dijo que sería más feliz con ese", explica la señora Miller,
y agrega que la intuición se basa en experiencias y emociones difíciles de
cuantificar.
Moraleja: al tomar una decisión, no pase por alto
la voz de la intuición.
Connie
Gersick, de la Escuela Anderson de Posgrado en Administración de la Universidad
de California en Los Ángeles, ha estudiado durante diez años cómo influyen los límites
de tiempo en la toma de decisiones, y ha hecho un descubrimiento fascinante:
precisamente a la mitad del camino entre el comienzo de una tarea y la fecha en
que vence el plazo para terminarla, ya sea que falte una hora o un año, los
equipos parecen cargarse de energía y ponen manos a la obra.
De
hecho, el grupo que llega a este punto de transición decide con frecuencia algo
que nadie esperaba. Como lo importante ya no es cuánto tiempo ha pasado sino
cuánto tiempo queda, la atención se dirige a lo que puede lograrse.
Veamos
un ejemplo. A un grupo de administradores de servicios de salud se le encomendó
la tarea de organizar una conferencia para gerentes de hospitales. Al
principio, los administradores se
enfrascaron en largos debates sobre la importancia de fortalecer la
"confianza' de los empleados. Sin embargo, a la mitad de sus reuniones de
planeación determinaron que el asunto de la confianza era demasiado vago y
enfocaron su atención en el tema más práctico de los problemas a los que tienen
que enfrentarse los gerentes de nivel medio. Cuando el tiempo pasó a ser un
elemento de presión, tuvieron que pasar de la fase de debate a la fase de
decisión.
Moraleja: fíjese un plazo.
En septiembre
de 1992, los mercados monetarios mundiales se vieron sacudidos por una gran
demanda de libras esterlinas. En el transcurso de las operaciones de
compraventa, los socios del famoso inversionista internacional George Soros le
dijeron que ya era tiempo de apostar a una caída de los precios. Sin embargo,
le aconsejaron que su primera postura fuera modesta.
Soros
no hizo caso. "Sí no creemos en lo que estamos haciendo", dijo,
"no deberíamos intentarlo siquiera: Les ordenó tomar lo que uno de sus
socios llamó "una importante posición" en el negocio. La decisión
resuelta y oportuna de Soros le redituó 1600 millones de dólares.
Moraleja: cuando se decida a actuar, hágalo con
energía.
Naturalmente,
pocos de nosotros estamos en condiciones de tomar una decisión que nos permita
ganar miles de millones de dólares o llevar un país a la victoria. Pero todos
tenemos decisiones importantes que tomar. Y por lo que respecta a la
oportunidad de decisión, tal vez algunas de las moralejas anteriores le venga
como anillo al dedo.

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